… alguien en su carrera desesperada hacia alguna parte donde la muerte siguiera siendo futuro y no un presente inminente, me hizo caer de bruces al suelo. El revólver cayó conmigo en tan mala postura que se disparó antes de que mi boca emulara al Papa en sus visitas. Unas fracciones de segundo más tarde, tras la eternidad de una caída sin fin, un cuerpo se desplomó junto a mí. Sus ojos inertes, vacíos, se clavaron en los míos. Abiertos, fijos, azules. Aún hoy, algunas noches, sigo ahogándome en ellos.
No. No. No puede ser. No.
En el proceso del duelo, la primera etapa suele ser la negación. Me quedé en ella, perplejo, mientras me hundía en el fango rojo hasta que la evidencia le ganó el pulso, y acelerando el mío, me sacudió, me puso en pie y salió por mi garganta, horrorizada. Tras ella apareció la culpa, quien envuelta en un panfleto pro-tenencia de armas que dictaminaba que las armas no matan a las personas sino que son las personas las que lo hacen, me puso de rodillas y llenó de agua y sal mi herida de guerra, que sangraba por los ojos.
Y mientras en mi cabeza tomaba forma la idea de dar caza al asesino, la gente seguía corriendo, los gritos seguían rebotando en las paredes, los disparos se sucedían sin tregua. Nadie podía, ni había reparado en mi daño. Mi muerto sin nombre era sólo mío, era únicamente uno más. Accidental, como el turista que se había encontrado en medio de una guerra que le había tatuado una letra escarlata en el pecho por adulterio a la vida, por provocar a la muerte.
Ni siquiera sentí como unos brazos me levantaban, me cargaban sobre unos hombros capaces de soportar mi peso y el de mi culpa y me llevaban en dirección a una salida de emergencia que sólo los empleados de la estación conocían. No recuerdo ningún coche ni trayecto alguno. Sólo sé que en algún momento el mar azul en el que me ahogaba se volvió negro.
Bienvenidos a mi mundo. Una nube, una madeja de gas y partículas que cambia de forma según gire el viento.
lunes, 17 de marzo de 2008
martes, 4 de marzo de 2008
República de Manzana
Limítrofe con Pera, Naranja y Mango, que hace esquina, y presidido actualmente por Ed Gould Golden, Manzana fue reconocida como independiente el día en que Adán y Eva fueron invitados a emanciparse.
Actualmente, es uno de los países más fructíferos de la UF (Union Frutal): sus productos tienen un ritmo de exportación anual elevado y constante, y su gastronomía está considerada una de las más profusas y ricas. Es, además, un destino turístico más que recomendable; imprescindible visitar la capital, Golden - donde destacan el castillo de la emperatriz Divagold y el museo Royal Gala -, el Valle de Topsopur, el Monte Fuji - uno de los lugares de mayor demanda - y el Cañón Starking, famoso por el rojo un tanto descolorido de sus rocas. Y por supuesto, uno no puede volver de Manzana sin probar el licor de Granny Smith! - aunque de hecho, si lo pruebas demasiado, a lo mejor no vuelves...
Para más información, puedes visitar www.uf.org/republicademanzana
Tributo a Manuel Escudero
Manuel Escudero vive en los paneles publicitarios de las escaleras mecánicas de bajada, en la estación de Fontana. Hace sudokus en un plis plas, tiene un calcetín de cada color y una vez llamó feo a un tipo no muy agraciado.
Manuel Escudero provoca a la curiosidad de los que descienden a las profundidades, desviando a su mirada del vacío; y mientras encierra el miedo entre las cuatro líneas rectangulares que componen su mundo, le arranca a la angustia una sonrisa que desentumece las ganas y despierta al niño dormido que quiere echar a correr escaleras arriba para volver.
De repente y por un instante, todo es blanco y simple.
Y todo ello con sólo tres frases.
Manuel Escudero es simplemente grande.
La pregunta del millón
01/03/2008 Hoy un escalón me ha preguntado si era feliz.
No he sabido qué contestar.
Pero creo que nadie mejor que él habrá escuchado en mi silencio de piedra la respuesta.
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