martes, 4 de marzo de 2008

Tributo a Manuel Escudero

Manuel Escudero vive en los paneles publicitarios de las escaleras mecánicas de bajada, en la estación de Fontana. Hace sudokus en un plis plas, tiene un calcetín de cada color y una vez llamó feo a un tipo no muy agraciado.

Manuel Escudero provoca a la curiosidad de los que descienden a las profundidades, desviando a su mirada del vacío; y mientras encierra el miedo entre las cuatro líneas rectangulares que componen su mundo, le arranca a la angustia una sonrisa que desentumece las ganas y despierta al niño dormido que quiere echar a correr escaleras arriba para volver.

De repente y por un instante, todo es blanco y simple.

Y todo ello con sólo tres frases.

Manuel Escudero es simplemente grande.

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