sábado, 3 de mayo de 2008

Tres en una son dos

Éranse una vez tres historias que nacieron una tarde tras haberse puesto el sol. Tan distintas como propias, tan dispares como hermanas e hijas de la misma mano que les dio vida en el papel. Nacieron porque era su momento, y fueron creciendo hasta alcanzar no más ni menos de quince líneas. Pero ni la niña bonita ni su multitud de tres las hicieron invulnerables; un descuido las dejó en un mero tras-papel.

Las perdió el destino, o quizás el azar. Pero no llora la memoria que no las recuerda ni se acepta a sí misma la resignación del olvido; entre destino y azar, en ese segundo que nos pertenece, el alma dicta estas líneas marcando un espacio en el que existirá el recuerdo de las tres por siempre, como las promesas por cumplir y el amor que por ti siento.

A quien hace singular y hermoso el plural nosotros.

7 de marzo de 2004


Porque volver a empezar no significa olvidar. Porque también soy la que fui, aunque ya no te quiera.